martes, 29 de octubre de 2013

Y fin


En dos entradas anteriores decidí continuar escribiendo en este blog, porque pensaba que no estaba todo dicho. También expresaba que no tenía ni idea qué iba a suceder … ahora lo sé. Creo que ya, con la anterior entrada: “¿Qué es el Zen?” esta el ciclo cerrado. Siento que debo seguir pero de forma distinta, que aquí ya he acabado, es otro momento y es otro mi momento, he de soltar.


 
Por tanto, pongo fin en este blog, no volveré a escribir en él, y lo hago con algo de melancolía, pues me ha acompañado durante dos años, que no dos años cualquiera, ha habido momentos muy difíciles, igual que de entusiasmo. Dos años en los que he ido transformando mis ideas, a la vez que este blog crecía en entradas. Él me ha sido útil para lo que fue creado: afianzar mi sentir, mi vivir, el darme cuenta de mucho y de todo. Aunque no siento solo algo de melancolía, a la vez tengo la sensación de estar dejando atrás algo que ya no tenía porqué llevar conmigo –así como cuando llevas una carga y sientes alivio cuando la dejas- también siento descanso, deseo de soltar y el saber, de antemano, que es lo que… en este momento he de hacer.
 No estaba equivocada cuando pensaba que no había apego a este blog, no. Pero sí, a la idea de lo que he ido superando en estos dos años, que me provoca satisfacción, contento, aunque… a la vez, me hace pensar en todo lo que he ido dejando en ese camino. Por ello y a modo simbólico dejo este blog, así como todas esas ideas que pertenecen a mi pasado, ideas que ya no son útiles, no tienen sentido de existir,  practicando el desapego.
Porque todo son ideas, que van y vienen, cambiantes según el momento y según lo que vas experimentando. Ese es el motivo: lo que voy experimentando me lleva a darme cuenta de mi apego a lo conseguido, ese sentimiento de satisfacción y calma que he de soltar. Como idea que es, he de dejarla ir.

 Sé que seguramente, esta acción me llevará a otros retos a otros momentos en los que pondré, de nuevo… mi mundo, mi interior, “Patas arriba” pero también sé que ese es el camino y, lo más importante: Es el camino que quiero seguir. Aunque lo cómodo sea quedarse en este momento… todo cambia, estamos en continuo cambio es antinatural aferrarse a algo por el hecho de un bienestar que por aferrarlo, terminaría convirtiéndose en ficticio, siendo prisionera de una idea del pasado.

 Por supuesto que no dejaré de escribir, aunque quisiera no podría, para mí escribir es más una necesidad con la cual disfruto, además de ayudarme.  Por ello, ya estoy trabajando en otro blog, con el cual abriré un nuevo ciclo. En donde iré contando mi experiencia, cómo fui descubriéndome.  He de decir con ilusión que ya tiene hasta nombre: “Zen para vivir” en donde terminaré hablando de todo menos de Budismo Zen.

 No recuerdo ningún momento en que me haya costado tanto expresar algo escribiendo, como con esta entrada. Quería que ese fin, ese soltar simbólico tuviera su punto de importancia, el que creo merece este blog. A la vez que, una vez más, afianzar mi sentir, en lo que ahora creo, como siento la vida. Creo que lo he conseguido, aquí queda reflejado mucho de lo que he ido transformando y descubriendo en mi mente a través del Zen.
 
Solo decir que no dejo este blog con tristeza y sí con ilusión, determinación de saber que he de dejar ir. Sabiendo, ahora, que todo llega cuando es el momento y por la misma razón… se va cuando es su momento. Creo que ese es el camino, no lucho contra lo que pienso, ya no lucho contra lo que pueda ocurrir en mi entorno o a los míos. Observo, acepto y así sé lo que he de hacer o no hacer. Es decir, la atención plena para no dejarme dominar por mis sentimientos y saber lo que siento.
 
 
 
 

miércoles, 23 de octubre de 2013

Dibujos Zen 11 - ¿Qué es el Zen?



Dije que aquí no hablaría del Budismo Zen, y no lo voy a hacer porque... ¿Qué es el Zen? La respuesta esta en vivir, y vivir prestando atención, con compasión, con conciencia de lo que significa el aquí y ahora y desde ese sentimiento tan maravilloso, cuando lo experimentas sin contaminarlo: Que es el amor, amor a todo. Y no, necesariamente en ese orden o sí, no es importante.

domingo, 13 de octubre de 2013

Transformando ideas


 
 
Iniciaré este pequeño cambio, remontándome a casi tres años atrás, cuando comencé ha interesarme por el Budismo Zen. Y como ya he dicho en muchas ocasiones, no hablaré aquí, de Budismo Zen, tan solo contaré mi experiencia. Aunque puedo recomendar blog que hablan sobre ello y, en concreto, el de mi amigo, muy fácil de entender y leer, llamado. “El Manuscrito Zen” o a través de la lista de blog que sigo.

Tampoco  entraré en detalles de cómo mis ideas fueron transformándose, entre otras cosas porque tendría que contar, porqué y cómo pensaba antes y… sería un tanto aburrido.
Apuntar que cuando decidí tomar este camino (utilizo el nombre de camino, por buscar un modo para denominarlo) no imaginaba que fuera a ser tan desconcertante e incierto. Muchas ocasiones hubo en que casi desistí; el motivo, lo complicado de entender términos con explicaciones, con las que creía que ya empezaba a captar el sentido, pero siempre terminaban escapándoseme. Aunque a la vez, necesitaba seguir porque tenía la sensación de estar encontrándome con algo muy conocido y cercano, afín.

Me topaba con ideas que me costaba darles forma, me inquietaban y llegaban a “descolocarme”. Igual que otras, me hacían sentir alegría y satisfacción pues era como: -“¡Lo sabía!”-.

Una de las primeras conclusiones a las que llegué, fue que no importa lo que sienta o piense, incluso lo que suceda –bueno o menos bueno- lo importante, es tomar conciencia de cada suceso, darme cuenta de todo lo que ocurre a mí alrededor y en mi interior. Algo que no me cuesta nada hacer, pues siempre he sido muy analítica con mis sentimientos, acciones, posturas, reacciones. Las analizo para encontrar el cómo y el porqué  de mis sentimientos. Solo que he hecho cambios en las ideas que surgen después de sacar conclusiones. Estaba bien analizar y así intentar sacar los motivos subyacentes a cualquier reacción o comportamiento, esto me ayudaba a ser algo más tolerante, a “conocerme mejor” pero faltaba compasión, era poco comprensiva conmigo misma, me castigaba mentalmente.

Es decir, lo que descubrí es que lo importante es la atención,  no los acontecimientos en sí, ellos van y vienen cambiantes. La atención plena, el darme cuenta de cada instante vivido, es lo que me acerca a estar más en el aquí y ahora. Igual que los sentimientos, también van y vienen, con su origen en nuestra mente, nuestras ideas; lo que me hace ser compasiva también conmigo.

 Hay una idea que he ido afianzando, a la vez que este blog crecía: No dar tanta importancia a los acontecimientos de mi pasado y tampoco perder tanta energía en pensar qué va a ser de mí, solo cuento con el aquí y ahora. Aquello que ocurrió… sucedió en un momento de mi pasado y bajo unas circunstancias; por tanto, solo es útil como información, no como patrón para siguientes situaciones, porque serán otras circunstancias, otro momento. En cuanto a lo que será de mi ¡qué importa! Si parto de la base que solo tengo el aquí y ahora. Cierto que es bueno preveer pero, tan solo… para moverte con un poco de seguridad por nuestro mundo, nuestra sociedad.

Esto y más, que seguiré contando, he aprendido, aunque es más acertado decir que he ido descubriendo, porque una parte de mi, sabía –todos lo sabemos- es una sensación como de estar sacando a la superficie de la mente lo que ya estaba ahí aunque como olvidado, oculto, apartado. Cosa que me provocaba, entusiasmo y ganas de seguir descubriendo por duro que sea en ocasiones.

Ahora sé que solo tenía que escucharme y dejar que se fuera instalando en mi conciencia, aunque a veces… me turbe o “descoloque” lo que descubra, y sé que habrá más y seguirá “Poniéndose patas arriba mi mundo” para después… estar donde tiene que ser.

Hay aún algo más importante, todo es como quieres que sea y el Budismo Zen puedes tomarlo como una religión o como yo lo veo, un modo de ver y vivir la vida para estar en este mundo creciendo y superándote, dejando de buscar fuera lo que ya esta en nosotros. Sin aferrarme a ello como si fuera a salvarme, nadie puede salvarme sino yo misma.

lunes, 7 de octubre de 2013

Eligiendo

 
Hasta ahora he ido plasmando aquí, mis ideas, mis reflexiones. Con las últimas entradas, creo que este blog ha dado un pequeño giro. Por lo que me planteé si podría ser que hubiera llegado el momento de cerrarlo y comenzar con algo distinto. Entre otras cosas, porque ya tenía en mente, un nuevo blog, con el que explicar algún detalle, el porqué de todos los pensamientos reflejados en éste. Es decir algo más directo… quizá en primera persona.

Mi primera idea fue que sería otra ocasión para practicar el desapego, para soltar sin sentimiento de pérdida (aquello de si algo acaba o tienes que llevarlo a su fin… es porque algo esta por empezar o es el momento de comenzar algo) y, por otro lado, tomar conciencia de lo que olvidamos constantemente: nada permanece para siempre.
 
Esta idea hizo me diera cuenta que no tengo nada de qué desprenderme, pues lo que aquí hay tan solo son palabras que han ido tomando sentido por mis reflexiones en un período ya en el pasado. Incluso podría asegurar, que en vez de ser para mi a lo que aferrarme, ha terminado siendo útil para soltar en cada entrada.
 Por tanto, he decidido que debiera seguir aquí con este pequeño giro que, sin buscarlo, ha dado. Puede ocurrir que siga creciendo en entradas o que no termine de saber cómo continuar. No me preocupa, sigo un espontáneo impulso, aquel que ya estaba ahí… antes de estas reflexiones. Además de la necesidad que he tenido siempre de escribir.
 
Y con esto… vamos a ver qué surge en cada instante en este, ya para mí, cercano blog.


domingo, 22 de septiembre de 2013

Aceptar (Continuación)


Cuando intentamos explicar o contar algo a alguien, buscamos hacernos entender. Aunque, a veces damos por hecho que quien nos escucha o lee sigue el hilo de nuestra idea, nuestros pensamientos, sin darnos cuenta, que aún compartiendo las mismas experiencias… cada cual obtiene su percepción. Lo que le puede llevar a conclusiones distintas, incluso opuestas a las de uno. Esto fue lo que me ocurrió con mi anterior entrada, pero como tengo la suerte de contar con un lector muy crítico que siempre atina en señalar hacia el lado indicado, pude ser consciente del punto de vista de cualquier lector que, de pronto, se topara con dicha entrada.

Quise utilizar este blog, para plasmar las ideas que estaba adquiriendo a través del Budismo Zen, para afianzar lo que iba ocurriendo en mi interior y, si de paso, lo leía alguien y le era útil pues “miel sobre hojuelas”. Pero claro, si te cuestionas que alguien puede leerlo… ya tienes que tener cuidado con lo que dices. Por tanto creo que es mejor explique un poco el tema.

Empezaré apuntando que mis conocimientos de Budismo Zen son prácticamente inexistentes. Por tanto, sería un atrevimiento por mi parte, expresarme con los términos utilizados en el Budismo Zen. Lo que aquí escribo, es en base a mi experiencia, con lo amplio de nuestro vocabulario, aunque con las trabas de intentar explicar algo que cuando crees entender… se te escapa y es por lo que me decidí a escribir en este blog sin eludir al Zen, con un lenguaje de andar por casa.

 Dicho esto, reflejaré aquí el párrafo que puede llevar a equívocos:

 “Si nos aceptamos sin más, nos daremos cuenta que parte de ese todo que “somos”… está, porque existe la otra parte, y esto nos lleva ha verlo de un modo en el que terminamos amándonos sin condicionarnos. No existe, en ello, resignación ni conformidad, por el contrario… se pone en marcha el mecanismo de transformación”.

Esa transformación de la que hablo, surgió en mi cuando comencé a leer sobre el Budismo Zen y en conversaciones mantenidas con mi amigo Maikeru Tenshi. Fue como cuando algo esta en las profundidades y, de pronto… emergiera para decirte que siempre estuvo ahí, aunque no lo vieras, no lo aceptaras, solo pensaras, que la cuestión estaba, en que tus prioridades eran distintas a las de los demás y por ello, te veías distinto. Esto hizo que mis pensamientos se fueran transformando para llegar a descubrirme.

Al principio fue un camino difícil y desconcertante. Aunque, a la vez, sentía por primera vez que estaba donde quería estar y que siempre había estado donde tenía que estar. Fue como cuando estas intentando ver algo oculto en la penumbra y, de pronto… se ilumina para que lo descubras. Y descubres, conoces y reconoces, te inquietas y desconciertas para después ir poniendo todo en su sitio y darte cuenta que es mejor desaprender lo que has ido acumulando en tu mente en ideas, etiquetas, comportamientos, adecuados o no, miedos, sentimientos positivos o no. Pues todo eso es solo útil para interactuar con los demás y tu entorno.
Te das cuenta que todo es mucho más sencillo de cómo nos lo planteamos.
Descubres que todo… todo son tus pensamientos, las ideas que vas formando en tu mente, durante años, ideas que te condicionan, te llevan a temores y van mermando todo aquello que “eres”. Porque esas ideas nacieron por algo pasado, que te termina condicionando no solo en un futuro, lo peor… en cada instante.


Esa es otra de las cosas que descubres que cada momento de existencia es lo único que tienes y cuando lo estas pensando… ya no lo tienes y es el siguiente momento, lo sabes desde siempre pero aún no estaba en la superficie. Cuando prestas atención a ello con conciencia del verdadero sentido… es cuando, en tu mente, surge la transformación, cómo lo ves todo ahora, cómo sientes, cómo vives todo.

Exactamente a esta transformación es a la que hacía referencia en mi anterior entrada. No significa que, por “arte de magia”… me transformé en algo especial o distinto. Lo que se transformaron fueron mis pensamientos, lo que me llevó a descubrirme.

A su vez, aquel descubrimiento me llevaba a una gran inquietud interior, quería saberlo todo ya, y quería que lo supieran todos, quería transmitir la ilusión y alegría que me asaltaba.

Fueron mis pensamientos, mis ideas, mi perspectiva la que cambió. Necesité recorrer aquel camino para terminar dándome cuenta que no hay nada que transformar porque siempre estuvo ahí, que no hay nada que decir a los demás porque los demás llegarán a ese punto, cuando sea su momento.
Que todo… todo solo son ideas y que no puedes dejar de tenerlas, no puedes dejar de pensar, pero sí puedes “darte cuenta” tener conciencia de todo y de todos para ir descubriéndote y aceptándote. Para terminar llegando a una conclusión: que nada de todo lo que fui descubriendo … es útil, porque forma parte de algo ya pasado y en cada instante solo se “es” solo tienes que hacer, deshacer, sentir, soñar, amar, enfadar, protestar, atender, vivir.

¿Te das cuenta que todo lo que he nombrado son verbos?
¿A qué conclusión llegas?
“Somos” porque solo existe la acción. Eso somos y lo único importante es aceptar, aceptar lo que sucede tal como… sucede, no hay más. Ni transformación, solo en tu forma de verlo todo ahora, ni inquietud, pues todo son ideas y ya no eres presa de ellas, las aceptas y dejas que pasen. Queda la calma a la que accedes al descubrirte y aceptar.

miércoles, 4 de septiembre de 2013

Aceptar


Aceptar no es sinónimo de resignarse ni de conformarse y sí podríamos ponerlo como antónimo de lucha. No quiero liarlo, tampoco intervenir en nuestra gramática; entre otras cosas porque no soy quien ni es mi cometido. Tan solo es mi manera de ver ahora… la aceptación.

Pensamos que conocemos cada reacción que podemos tener, cada respuesta a cada situación; con nuestros defectos y virtudes. Nos equivocamos, tan solo conocemos partes de nosotros –algunas más a fondo que otras- desconocemos lo que se encuentra en lo más profundo de nuestro ser. Ocurre que por la incertidumbre e inseguridad que nos provoca, preferimos ignorarlo y la consecuencia inmediata, es la no aceptación y  si no aceptamos, entramos en un conflicto ignorado que lleva consigo un no terminar de estar bien en nosotros, surgen inquietudes que queremos acallar llenándolas con deseos o quejas.

Aceptar todo, incluso lo que no conocemos de nosotros, es entender que tenemos deseos y que nos rebelamos cuando algo nos molesta o no sale como esperábamos, es natural, lo importante es saberlo y “dejarlo pasar” aceptarlo.

 Como seres pensantes que suelen buscar la lógica de las cosas, que necesitan clasificar todo aquello que ven, sienten y hacen, valoramos nuestras virtudes –cosa que es beneficiosa pues, con ello, aprendemos a conocernos y a amarnos-. De igual modo, conocemos nuestros defectos –que también esta bien, pues nos es útil para conocer hasta dónde podemos llegar o no llegar- pero es importante que, de la misma forma que aceptamos nuestras virtudes porque nos gustan, porque nos sentimos bien comprobando que están ahí… tenemos que aceptar nuestros defectos, es inútil luchar contra ellos, cierto que no nos sentimos igual que cuando comprobamos nuestras virtudes pero… “es” también están ahí.
Este puede ser el comienzo para cambiar aquello que nos gustaría cambiar de nosotros. Si aceptamos, de ahí, puede partir la transformación, ese cambio que a veces nos inquieta tanto y no conseguimos dar con el modo. Puede que, ese cambio, no surja del todo, pero si aprendiéramos a amarnos tal cual somos, no sufriríamos o nos sentiríamos mal, por tanto, quitaríamos más frustración de nuestras vidas.

Es por lo que se me ocurre que aceptación podría ser antónimo de lucha porque si entras en conflicto con lo que no te gusta de ti… aparece el rechazo, la frustración y hasta la culpa que provoca más frustración. No es fácil aceptar lo que, como reacción inmediata… rechazas pero, igual que lo que nos gusta de nosotros, también esta y forma parte de un todo.

Si nos aceptamos sin más, nos daremos cuenta que parte de ese todo que “somos”… está, porque existe la otra parte, y esto nos lleva ha verlo de un modo en el que terminamos amándonos sin condicionarnos. No existe, en ello, resignación ni conformidad, por el contrario… se pone en marcha el mecanismo de transformación.

sábado, 31 de agosto de 2013

Crear

Puede ocurrirnos que un comentario dentro de una conversación, una imagen o, estando en algún lugar, capta nuestra atención algo o alguien. Esto desencadena, unos pensamientos, unas ideas que nos llevan a reflexionar y terminan con unas conclusiones. Así fue como, después de una conversación con un amigo, comencé a darle vueltas a una idea, que me provocó algo que dijo dicho amigo: “Yo te ayudo pero tu me creas”.
Fue como un pequeño “Eureka” –Es eso-. Me dije. Cada uno de nosotros creamos a los demás y, a su vez… nos crean. Del mismo modo nos creamos a nosotros mismos. Lo que me llevó a preguntarme. ¿Qué interviene para crear? Bueno, partimos de la base, que todo son ideas.  Así es como nos “hacemos una idea” de cómo creemos que es alguien por su imagen, si le tenemos delante, su forma de moverse, sus ademanes o, si sólo escuchamos su voz, a través de ella, por sus matices, la rapidez o lentitud al hablar, sus pausas. Componemos un todo, basado en nuestra experiencia y nuestros conceptos –no podría ser de otro modo por manejar unas mentes pensantes y clasificatorias- creamos lo que creemos.
Pero es solo nuestra primera impresión. A medida que vas conociendo a dicha persona, vas descubriendo matices, quitando unas ideas para poner otras, aprendes a conocerla… vas creándola, por supuesto de un forma subjetiva y por lo que esa persona llega a compartir contigo.

En primera estancia, nos creamos a nosotros mismo. Desde pequeños, en ese momento de nuestra vida, solo actuamos, nos movemos por atracción, nos impulsa el querer saber, conocer, experimentar, es ahí donde empezamos –con esa mente lógica y pensante que va creciendo con nosotros- a colocar los conceptos, basados en lo que vamos experimentando; aprendiendo a separar y catalogar todo y a todos. Nos influye lo que vamos escuchando dicen, nos dicen o nos enseñan de nosotros mismos, a través de lo que les llega de nuestra naturaleza innata. Y ya, aquí… nos están creando los demás, a la vez que estamos creándoles con todo lo que vamos aprendiendo de ellos y su forma de interactuar con nosotros. Así, es como terminamos pensando qué y cómo somos y este pensamiento, es el que influye en nuestro entorno para atraer a unas personas u otras.

 El recorrido por esta reflexión, me hizo entender el motivo por el que, en momentos de mi existencia, he llegado a preguntarme, por qué siempre atraía a mi vida a un mismo tipo de personas. Y también el porqué, de pensar que alguien es de determinada manera y luego descubrir que estabas equivocado.
Todo se resume, en los pensamientos que te hicieron crear una idea, de cómo es esa persona con la que estas interactuando. De igual manera que te has creado a ti mismo, con pensamientos que te han llevado a esa idea de ti mismo.

 Sabiendo esto, deberíamos prestar más atención a lo que pensamos de nosotros y prestar más atención a los demás, para intentar atraer lo que quieres este en tu vida y no terminar juzgando o desilusionándote de alguien, por no haber prestado atención a lo que has terminado creando en tu mente con tus pensamientos.

Así es como, con esa frase de mi amigo, llegué a estas reflexiones y me di cuenta que ya estaba centrando mi atención en todo esto, sin yo aún ser consciente de ello. Concluyendo que no solo es importante prestar atención a cómo piensas de ti mismo y de los demás, sino a ser consciente que lo haces y que, al final… todo, solo son ideas.
 
Cosa que hace surja una idea liberadora ¿Por qué? Porque nuestra mente esta creando ideas constantemente y como nuestra mente somos nosotros… esas ideas pueden cambiarse, para crear otras que nos lleven a donde queremos estar y con quien queremos estar. 

jueves, 22 de agosto de 2013

Bienestar o felicidad


Imagino que la mayoría de las personas opinan que no puede existir bienestar sin felicidad o viceversa. Es posible, pero con un matiz. Es muy corriente poner en juego nuestro bienestar en nombre de la felicidad… perdemos el norte y nos enredamos entre lo que deseamos en cada instante, dejándonos llevar por los pensamientos que provocan estos continuos deseos. Bienestar es lo que buscamos ya desde antes de nacer.

Esta idea me lleva a recordar cómo mis hijos nonatos, me despertaban en mitad de la noche para que cambiara de posición, pues no estaban a gusto, lo hacía y aquel renacuajo… dejaba de presionar alguno de mis órganos internos y podíamos seguir descansando o, allí donde estuviéramos, un paseo, compras, comenzaba ha moverse como si pretendiera escapar, bebía algún líquido y, de nuevo, reinaba la calma. Es decir, buscaban estar cómodos, su bienestar. Consecuencia, en ese instante… ya estaban felices, sin más. Cierto es que, en ese momento de nuestras vidas… era fácil sentir felicidad, nuestra mente aún no clasificaba ni demandaba más… que lo básico para estar bien.

Si sigo el hilo de estos pensamientos, me llevan a que no es tan difícil estar feliz. El conflicto nace en el momento en que nos empeñamos en ser felices. Cuando… no podemos ser algo determinado en todo momento, tan solo “Ser” en cada instante. A ver, el día tiene veinticuatro horas, dime: ¿Cuántas cosas eres a lo largo de esas horas? O mejor… ¿Cuántos papeles desempeñas durante ese tiempo? Eres el oficio que tengas durante parte de esas horas, compañero, amigo, padre, hijo, vecino, etc. … etc. Pero eso es lo que eres para cada una de esas personas, es lo que haces ¡No te convierte en ello! ¿Qué ocurre? Que nos empeñamos en ser todo eso y, al final no terminamos de ser nada de eso porque son etiquetas, etiquetas que nos ponemos y ponemos para movernos por esta nuestra sociedad.

 Ocurre que nos terminamos perdiendo entre tantos papeles a interpretar y olvidamos nuestro “Ser”. Según mi opinión, esto es lo que nos lleva a confundir bienestar con felicidad. No necesitamos tanto, deseamos, buscamos insaciables fuera… todo lo que creemos nos llevará a nuestro mejor bienestar, aunque en el fondo lo que creemos es que ese deseo será el ultimo, ese con el que acabaremos de estar siempre felices, nos decimos: “Si consiguiera una cama más cómoda descansaría mejor” posiblemente “Si tuviéramos más dinero para irnos de vacaciones a otro sitio… sería genial” claro “Si mi compañero de trabajo no fuera tan insufrible… trabajaría mejor” sin duda. Lo real es que nuestro bienestar lo unimos a todos nuestros deseos y nuestros deseos… son solo eso, deseos. Me viene a la memoria una frase que todos habremos escuchado unas cuantas veces: “Ten cuidado con lo que deseas, que se puede cumplir” tus deseos te llevan a estar o no estar feliz. Intenta conseguir esa cama mejor pero no pongas tu felicidad en juego en el intento, solo busca el estar mejor. Si te estas yendo de vacaciones con quien, realmente… quieres estar de vacaciones… ¿Qué importa el sitio? ¿Puedes cambiar a tu compañero? Es como es y es… su problema, no el tuyo. Quero ir a parar a un hecho, en todos esos momentos busca tu bienestar, crea en tu mente pensamientos que te lleven a estar bien y de modo natural… vendrán esos instantes de felicidad.

Con esto no quiero decir que no deberíamos desear o que es malo. Todo lo contrario, así es como podemos terminar sabiendo lo que queremos y lo que no. Y aquí es donde esta la otra cuestión… normalmente, sabemos lo que no queremos, cosa que esta muy bien aunque deberíamos de concretar más lo que queremos en nuestras vidas, para no volvernos a perder en nuestros deseos o terminar gastando energías, en rechazar todo aquello que no queremos. Todo esto… ¿No te lleva a pensar que tenemos más “control” de nuestras vidas del que creemos? Me explico, si nos limitáramos a buscar aquello que es natural en nuestro ser interior, no nos preguntaríamos tan a menudo, por qué haces esto o aquello, por qué no cambias lo de aquí o lo de allá. Sintiendo frustración… las cosas no cambian, “sintiéndote”… todo ocurre naturalmente, pues los deseos que tenemos cuando “te sientes”… son los que manan de nuestro ser interior y no nos agotamos ni frustramos, buscando en el exterior lo que no necesitamos para tan ansiada felicidad.

 Concretando, si nos empeñamos en ser felices… solo conseguiremos perseguir una ilusión, terminando esclavos de nuestros deseos, pues todo esta cambiando a cada momento y si consigues un instante de felicidad es porque en el instante antes… no lo estabas y viceversa ¿Qué te dice esto? Que tan solo, la felicidad… es un estado.



El bienestar, también es un estado en el que buscas tu tranquilidad y satisfacción humana. Obviamente esto engloba, un bienestar social, económico, salud, familiar, laboral. Aquí es donde esta ese matiz, es algo que implica tanta subjetividad que nadie puede decir a ninguno… donde esta su punto de bienestar, donde puede llegar a encontrarlo. Quizá, la solución esta en dejar de buscar tanto y sentirnos más, dejando de luchar contra todo lo que no queremos.

Porque… al final, nuestro mundo -ese que vamos eligiendo y creando, según nuestro punto de bienestar- nos guste o no, lo admitamos o no… lo creamos nosotros, si estamos en continua lucha con ese mundo que nos rodea y quejándonos de aquello que hay a nuestro alrededor… ¿No estamos diciendo algo sobre nosotros mismos? ¿Será que no terminamos de estar a gusto con nosotros mismos? Y es lo que se refleja en nuestro entorno, primero tenemos que estar bien en nosotros, no en nuestro entorno. Eso viene después.

Cuando estoy bien en mi… estoy bien… en donde quiera que este ¿No es así? Demos prioridad a nuestro bienestar emocional y la felicidad vendrá natural, aunque no se quedará, no olvidemos que es tan solo un estado, que reconocemos y disfrutamos porque hemos sentido lo contrario.

 
Sintamos nuestro bienestar emocional, disfrutemos de los momentos felices… sin más.

domingo, 11 de agosto de 2013

Vivir, es decidir

Es un hecho que las experiencias de nuestro día a día, son las que nos hacen tomar unas decisiones u otras. Es obvio que si tu experiencia te dice que si cruzas una calle cuando pasa un coche, lo probable es que acabes bajo dicho coche, no hay dudas en qué decisión tomar, no siendo… que tu decisión sea que tienes intención de acabar bajo ese coche. Ineludiblemente… decides.
Ya toqué el tema de la trascendencia de las decisiones en nuestras vidas. De su importancia, que unas decisiones u otras te pueden llevar a cuestionarte qué estas haciendo, pueden hacerte sentir que no te gusta tu vida, etc. Me atrevería a afirmar que nuestras decisiones nos llevan a… vivir o… no vivir ¿Y cómo es eso? Puedes preguntar –si estas vivo… es porque vives-. Básicamente, estas pensando: -No vivir es estar muerto-.
 Bien, pues planteemos la cuestión preguntándolo desde otra perspectiva: ¿Qué significa vivir? -Estar vivo-. Puedes responder. En mi opinión… esta respuesta no se acerca del todo a lo que significa vivir. Puedes estar vivo sin vivir. Puedes pasar por tu vida como un ser viviente… sin vivir, es a este hecho al que llamo, no vivir.
Y aquí, según mi punto de vista, es donde se establece la conexión entre decisiones y vivir. Vivir es decidir arriesgarte. Que, aunque dudes si estar cerca o no de algo o alguien por temor a terminar sufriendo, decidas vivir esa experiencia, entregarte a cada instante que pueda provocar tal decisión. O por el contrario si dudas en dejar algo o a alguien, por temor al qué pasará después, no quedarse quieto y decidir cambiar lo que sea haya que cambiar.
Vivir es decidir vibrar de emoción o de tristeza, decidir aprender a cada paso o dejar lo aprendido a parte, vivir es amar por amar, es escuchar, sentir, observar, comprender. Vivir es “no olvidarnos”, es aprender a estudiarnos.
Aprender que aunque sientas tristeza, odio, desesperanza, desengaño, soledad, culpa, arrepentimiento, resentimiento, agobio, abandono, dudas, miedo y un largo etc. de sentimientos que te llevan a la frustración… aprender que lo que sientes es provocado por lo que sucede, aprender que si dichos sentimientos te llevan a la frustración, es por lo que pensamos de aquello que nos sucede; y aquí, es donde decides solo sentir, o prefieres convertirlo en frustración. Y si haces el esfuerzo de “no olvidarte” y estudiarte… terminas siendo el suceso. No te dejas llevar porque aprendes a ver que “Eso” ocurre ahora… solo ahora.
Aprender que nunca conseguirás ser y estar plenamente feliz, es perseguir fantasmas, decide  ser y estar en calma, aprende que nada se queda contigo, todo llega y, de igual modo se va.
 
 
 Estudiarte, escucharte, atender a tu interior para terminar comprendiendo que no merece la pena estar en continua lucha con lo que te ocurre, o en continua búsqueda de aquello que crees te hará alcanzar la plena felicidad. Puedes acumular pertenencias y “amigos” pensando que eso te llevará a la felicidad completa para terminar dándote cuenta, que nunca terminas de alcanzar esa preciada felicidad. Puedes terminar frustrado por empeñarte en estar en una constante lucha contra lo que te sucede. De ninguna de las dos maneras, conseguirás tu objetivo, porque si no consigues serenar tu ser ahora… ¿Cuándo supones que lo conseguirás? Si solo es tuyo el instante mismo.
Se me ocurre que si me preguntaran que sintetizara en una sola cosa todo lo aprendido hasta este mi presente… respondería que lo mejor es tomar las decisiones desde el interior, así siempre eres consecuente con ellas, así no dudas si es ahí donde quieres estar. Es decir, si en cada instante decides “no olvidarte” y estudiarte… estarás, en cada momento…. Donde quieres estar. Por tanto, vivirás intensamente lo que toque vivir, sin frustración y sin vender tu felicidad a un “después de”.

lunes, 5 de agosto de 2013

Decisiones


No descubro nada nuevo si afirmo que estamos tomando decisiones continuamente. Conscientes o no pero decidimos cada paso que damos. Si te levantas cada día de la cama es porque decides levantarte  o no levantarte. De una manera o de otra… estas tomando una decisión u otra. Decides si vas al baño a lavarte o antes te preparas un café, la ropa que sacas de tu armario, si tienes por costumbre escuchar música mientras vas a tu trabajo… decides qué música vas a disfrutar ese día y así podría seguir hasta que llegada la noche, decides que te vas a dormir ya.

 Y vuelvo a afirmar lo que en otras ocasiones digo, no soy erudita en nada, por tanto, estoy segura que lo que pueda poner aquí, podrá ser rebatido o documentado con mejores argumentos de los que yo pueda llegar a utilizar. Mi ignorancia  aunque también mi experiencia es la que habla. Ello me hace ver algo muy obvio, hay decisiones inmediatas, que diríamos “Sobre la marcha” Decisiones que creemos poco importantes, normales. No estoy de acuerdo, cada decisión, es importante, forman parte de nuestro día a día y nos llevan, a sentirnos bien o no.

Y hay más, si nos dejamos llevar por cada decisión cotidiana e ineludible que se pone en nuestro camino, podemos “olvidarnos”. Sí, olvidarnos de nosotros de, entre tantas cuestiones a resolver y atender diarias, olvidarnos de tomar distancia y un tiempo para ver más allá, para no encontrarnos un día con preguntas como: ¿Qué a pasado con todos estos años… dónde se fueron? ¿Tanto esfuerzo diario para esto? ¿Después de darlo todo…. Me encuentro sin nada? Y tantas preguntas que se pueda hacer cualquiera que no tome perspectiva de su vida.

 Mi opinión es que nos debemos algo muy importante, prestarnos atención, no dejarnos llevar por el día a día, que aquello que decidimos este pensado desde el corazón, con la conciencia clara que de ello va ha depender nuestro bienestar interior que, por otro lado, se va a reflejar en nuestro entorno, nuestro mundo.

Sin miedo a los cambios, sin temor de errar pues si esta decidido desde el interior…  será lo acertado. Aunque, aparentemente nos parezca que nos estamos equivocando, o que era mejor seguir como hasta ese instante, en que decidiste cambiar algo porque tu “ser” así te lo indicó.

 Simplemente quiero ir a parar a una cuestión que creo es importante para nuestro equilibrio interior, hemos de tomar conciencia de lo que decidimos. No hay que dejar que decidan por nosotros ni que las circunstancias sean siempre las que nos obliguen a tomar un camino u otro.

 Prestar atención a nuestro mundo, para saber si es ahí donde queremos estar y si no lo es aprende a soltar, por duro e inquietante que nos resulte. Mi experiencia me ha llevado a estas conclusiones y, tal vez no me hagan siempre feliz pero… Dime ¿Alguien lo es? Aunque sí a estar, casi siempre… de acuerdo conmigo misma porque soy yo la que decide, la única responsable de esas decisiones. Lo que me lleva a ser consecuente a no dudar tanto ni echar mano de algo muy frecuente y utilizado, como es el culpar a algo o alguien de lo que nos pasa. Nosotros decidimos si queremos vivir con conciencia de nuestro vivir o no.
 

viernes, 26 de julio de 2013

El ego

 
El ego es como un adolescente incontrolado, al que tienes que preparar para que sepa cómo ha de aquietarse y que no se desboque, arrastrando todo lo que hay en ese camino.
Igual que ese adolescente que va tanteándote para ver hasta dónde puede llegar contigo, es el ego y si no estas “Al loro”… cuando te quieres dar cuenta, ya no sabes qué hacer, ni cómo parar aquello.
Del mismo modo que un adolescente puede llegar a ser dañino si solo siente frustración, el ego puede terminar siendo igual de dañino, si se crece en miedos y frustraciones. Entonces los miedos están cada vez más presentes, no te dejan ser y pierdes casi tu espontaneidad, no eliges comportarte según lo que nace de ti. Pues, irremediablemente, primero pasas tu naturaleza por ese ego que pone miedos en tus pensamientos.
Tan dañino puede ser ese ego frustrado que no te deja ser, como el que alimentas desde fuera, ese que le dejas se nutra con mucha autoestima y poca humildad.
Nuevamente podemos utilizar la analogía del adolescente para saber que si te enfrentas, siempre y en todo momento a dicho adolescente el resultado será adverso a lo que intentas.

 Así, podríamos seguir utilizando semejanzas, concluyendo que la solución no esta enfrentándote a tu ego, luchando contra él ni tampoco dejándole se mueva en tu mente con toda libertad y sin tomar conciencia de que existe, ese camino te llevará a más frustración, miedos y perderás aún más tu “ser”. Escúchale desde la perspectiva, con objetividad.

Igual que puedes aprender mucho de un adolescente, del mismo modo puedes hacer con tu ego. En armonía y con paciencia, podrás cambiar todo aquello que no te es útil para crecer como persona y sentirte libre en ti.

 Y tu dirás…: ¿De qué me esta hablando? ¿Qué, se supone, es el ego?

 No soy una erudita, tan solo… alguien que habla desde su experiencia. Te hablo de esa idea que tenemos de nosotros mismo. Te hablo de clasificación, te hablo de algo que necesitamos y nos es útil para funcionar en esta sociedad. De lo que hemos ido aprendiendo desde que nacemos y también antes, en nuestro ADN ya va implícito mucho de nuestros comportamientos, carácter, disposición ante adversidades, ante la facilidad para hacer reír o dañar y, según lo que vamos experimentando, se definen unas habilidades u otras.
Te hablo de que todo esto puede estar muy bien, si lo utilizas en beneficio tuyo, es decir si te es útil a la hora de moverte por esta sociedad.

Por tanto, mi conclusión es: Guardar la distancia con los pensamientos que nuestro ego pone en nuestra mente. De este modo, podemos guardar distancia, a su vez… con los sentimientos, cosa que nos servirá para no dejarnos arrastrar por ellos y del mismo modo… tampoco luchar contra lo que sentimos ¿Por qué? Sencillo, tenemos que sentir, es nuestra naturaleza y terminas descubriendo que no hay bueno o malo, todo es como ha de “ser”. Esto nos lleva a sufrir menos por aquellas situaciones difíciles y a vivir más intensamente cuando las situaciones son todo lo contrario.

Terminamos dándonos cuenta que los sentimientos… los pone nuestra mente, pues todo “es”… sin más.

Sabiendo que todo esta en continuo cambio y lo que comienza… ya esta acabando y viceversa. Tal vez, estas reflexiones te llevarán a una pregunta:

 Suponiendo que mi perspectiva sea ésta… ¿Qué hago con dichas reflexiones?

 Nada, solo vivir, día a día… instante a instante. Vivir sin luchar contra tu naturaleza, permanecer inmóvil… en movimiento. En quietud ante lo que sucede, con conciencia de lo que “es”. Descarta la inevitable pregunta que siempre nos hacemos: “¿Por qué me pasa esto… Por qué a mi?” O por el contrario: “¡No merezco tanto!” Todo sucede a tu alrededor, por tanto… ¿Esto no te lleva a pensar, que tu eres suceso también? Y “eso”… es vivir ¿A qué luchar contra la vida? Vivir es prestar atención a cada instante, sabiendo que podrás volver a vivir algo y no será igual pero sí, de nuevo… único.
 

 
 
 
Si cuando tocas el agua, puedes crear ondas... es porque esta en calma.

miércoles, 26 de junio de 2013

Todo termina funcionando







Siempre todo es distinto a como imaginaste. Por tanto… ¿A qué esperar algo de todo? Creo que tiene más sentido vivir cada instante para ese instante.





Y si pones conciencia en ello… todo termina funcionando. No esperes nada, todo será como ha de ser. Cada momento es único. En calma… Solo… presta atención. 
 
 



 

jueves, 13 de junio de 2013

Así es

 
Cada vez me quiero más, de ésta forma, me siento más libre en mí.
 

Este sentimiento, me permite ser más lo que soy, y necesitar menos.
 
Porque así ya soy un total, formando parte de un todo.
 
 
Descubrir esto… es solo el comienzo.


 
 
 
 
 

sábado, 27 de abril de 2013

Sé como eres

Sé como eres
Vamos por nuestra vida siendo y comportándonos como creemos esperan de nosotros. Interpretando los distintos papeles que suponemos nos toca en cada situación y dependiendo con quien estamos. Así es como terminamos pensando que somos ese profesional que desarrolla un trabajo durante ocho horas, o más al día o ese compañero de trabajo, o estudios; ese amigo que sabe escuchar o que tiene la broma fácil, ocurrente. Llegamos a casa y cambiamos de papel, pasamos a ser ese hijo que esperan seas o el padre que crees necesitan tus hijos, esa pareja solícita y cariñosa o exigente y sesuda; incluso… un poco de todo. Y así, sucesivamente, en cada instante, todos los días, toda la semana, todos los meses, cada año de tu vida. Sin ser consciente que estas vivo, estas gastando tu vida… en, dejarte llevar por cada sentimiento que te provoca aquello que te sucede, pero sin tomar conciencia de… eso, que solo es lo que sucede en tu entorno, ese ir y venir de cosas que pasan en tu vida no eres tu, tu… “ERES”… siempre. Pero nadie nos lo dijo, no lo sabíamos y lo que hicimos fue intentar adaptarnos a esa vida que creíamos nos había tocado “Vivir”.
 Y así, terminamos perdiéndonos entre tanta intención, deseo, determinación de ser lo que crees esperan de ti. Camuflas tu sentir, incluso lo escondes para poder “Funcionar” en tu día a día y así, te pierdes… tú día a día, que es único y solo tuyo.
 No hay nada más genial que tomar conciencia de ti. No hay nada más cuerdo que darte cuenta, no eres nada de todo eso y lo eres todo. Deja que todo suceda, no te enfrentes, no fuerces, sólo observa, siente y mira de frente esos sentimientos. Con conciencia que nada se queda contigo, todo fluye, vuelve y se va.
 
¿Qué conseguirás con ello? Ser más libre dentro de ti, sin miedos. Así, en cada momento, serás tú, sin estar supeditado a esos pensamientos que te sujetan a  no ser. La frustración, la impotencia, la culpa ya no te afectarán, no sentirás que en tu vida solo hay problemas, porque sabes que solo son cosas que suceden ¿Sabes lo extraordinario que es eso?
 Vivir es sencillo si no te resistes, la vida no tiene nada personal contra ti y… ¿Sabes por qué? Porque tu eres vida… la vida.
Interioriza que eres lo que ocurre, por tanto, no hay lucha, solo analiza e intenta cambiar lo que te provoca “Mal rollo” y si no se puede… mira si el problema esta, en que tienes con ello algo que aprender. Trata de no luchar contra lo que ocurre en ese instante de tu vida, cógelo de la mano y déjate llevar.
No es fácil, tienes que estar dispuesto a librar la batalla más despiadada que puedas imaginar contra ti mismo pues, tendrás que tirar por tierra todos esos conceptos que tienes de ti y los demás, tendrás que dejar de clasificar, tendrás que dejar de pensar que eres así por lo que viviste… no, solo “Eres” en cada instante, sencillo.
 

Hace un tiempo escuché esta comparación y desde entonces, me gusta imaginar que somos como las briznas del césped, parecen frágiles, quebradizas… solo lo parecen, lo cierto es que son flexibles y se adaptan, dejándose llevar, sin resistirse a ninguna situación, solo permaneciendo agarradas a su ser. Aprende a decir: “Yo… soy” interiorízalo.
 

sábado, 17 de noviembre de 2012

Dar


Si haces todo desde el corazón,
con la atención y sin esperar nada...........
dar por dar...... tendrás muchos
momentos, en que la sorpresa
invadirá tu existencia,
no tendrás que sonreír,
la sonrisa se instalará en tu rostro
y sentirás cómo se esponja todo
tu ser, en una alegría eufórica,
que te mece al compás de una
inercia en donde todo fluye.